“¿Quieres que te diga un secreto de nosotras, las bailarinas? Cuando estamos enamoradas, antes de una presentación, cerramos los ojos y nos imaginamos que en el público está esa persona a la que amamos. Es así que nuestro cuerpo, al volver a mirar, fluye con la música, sigue el ritmo de la melodía y deja que nuestros pies tracen ese nombre que merece nuestra canción favorita. Nuestros movimientos son alegría pura porque ese ser merece lo mejor, porque nos inspira a brillar y, sin proponérnoslo, vamos convirtiéndonos en el foco del escenario. ¿Has sentido adrenalina real y diáfana? Créeme, me enamoré y bailé para él, aunque él no estuviese. Con el hecho de imaginarlo presente… corrí, reí… volé… Y al despertar, escuché los aplausos, sonreí sonrojada y quise cubrirme el rostro por la vergüenza y la poca costumbre al vitoreo, pero me retiré satisfecha porque supe que si esa persona hubiese estado ahí, quizá la historia hubiese sido diferente. ¿Quieres otro secreto? Aún sigo bailando… pero, ahora le toca averiguar si aún sigo haciéndolo para él. Nosotras, las bailarinas, cuando entregamos el corazón, nuestra danza refleja el ensueño del arte y te transportamos a tus propios sueños. Aquellos en donde también te imaginas al lado de ese ser amado o quizás esa realidad en donde le apretujas su mano, con fuerza, por la fortuna de tenerle a tu lado.” DDC.

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